
Desperté con dolor de cabeza y nauseas. Tengo frío, se me acalambra lo que yo imagino y/o supongo debe ser el nervio óptico, y mi espalda insiste en recordarme mi alevosa y arbitraria falta de descanso. Y no señores, no he bebido una gota de alcohol en días, he comido de forma casi decente, hago ejercicio y demás etcéteras. Pero es que nunca he entendido porque perder el tiempo durmiendo cuando hay tanto por hacer, cuando la noche me resulta tan fascinante, y el proceso creativo es tan absorbente. Cuando paso la tercera parte del día trabajando y hay tantos sitios a los que deseo ir, tanto por leer. Cuando el hedonismo y la compulsión son tan seductores.
Y luego llegan días como hoy, donde se confronta la mujer del ensueño con la racional, y una me habla de las bendiciones y del privilegio del descanso, del tan popular concepto de calidad de vida, de aquello que necesita el cuerpo. Y la otra insiste en recordarme que la estancia aquí es brevísima, y que como dice mi madre, ya habrá mucha oscuridad y descanso… Y en ese extraño juego de convencimiento y/o acuerdo, es cuando entiendo la raíz probable, de la fascinante, maquiavélica y esperanzadora idea de la reencarnación. Digo, aunque no me resulte mas que un consuelo de imbéciles, tan absurdo como el cielo. Una vida no alcanza…
Y luego llegan días como hoy, donde se confronta la mujer del ensueño con la racional, y una me habla de las bendiciones y del privilegio del descanso, del tan popular concepto de calidad de vida, de aquello que necesita el cuerpo. Y la otra insiste en recordarme que la estancia aquí es brevísima, y que como dice mi madre, ya habrá mucha oscuridad y descanso… Y en ese extraño juego de convencimiento y/o acuerdo, es cuando entiendo la raíz probable, de la fascinante, maquiavélica y esperanzadora idea de la reencarnación. Digo, aunque no me resulte mas que un consuelo de imbéciles, tan absurdo como el cielo. Una vida no alcanza…








